La ciudad de Nara fue nuestra primera excursión al llegar a Kioto. A sólo 45 minutos en tren con la JR Nara Line y con una frecuencia de paso de cada 30 minutos, facilita visitar la ciudad en medio día y de esta forma poder completar el día callejeando y conociendo Kioto o visitando el Fushimi-Inari Taisha cuya parada es Inari con la JR Nara Line.

Nara es un destino turístico importante debido a su gran cantidad de templos antiguos que forman parte del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Sus principales atracciones turísticas se pueden visitar fácilmente desde la estación de JR de Nara en un circuito a pie. Lo primero que hay que hacer al llegar es acercarse a la Oficina de Turismo que se encuentra junto a la estación y conseguir un mapa, así seguro que no os perderéis.

Caminaremos por Sanjodori St. hasta el Kohfukuji Temple, nosotros lo visitamos por fuera ya que el acceso al recinto es gratuito, para entrar a la gran pagoda de 5 pisos y al museo hay que pagar.

Si doblamos a la izquierda llegaremos a los jardines de Isui-en donde comienzan a campar a sus anchas los bambis, nos dirigiremos hacia el norte para visitar el Todaiji-Temple, la construcción de madera más grande del mundo, para ver a su daibutsu de bronce (Gran Buda) y a los reyes protectores que lo custodian. Entre los guardianes encontramos un pilar con una cavidad con las mismas dimensiones que los orificios de la nariz del Buda, se dice que el que lo consigue atravesar es bendecido con el don de la iluminación…

Los ciervos siguen vagando a sus anchas en este templo ya que son protegidos como tesoros nacionales y considerados mensajeros de los dioses por el sintoísmo. Su precio de entrada es de 500Y (unos 5€), tiene acceso de minusválidos y carritos de bebe para evitar los escalones de la puerta de acceso.

Podéis ver un divertido vídeo en nuestro canal de YouTube donde Alma se siente acosada por un ciervo que quería su galleta http://youtu.be/4AjomiOFzDE

Continuamos el recorrido de templos hasta Kasuga Taisha Shrine por el camino donde miles de linternas de piedra se alinean a ambos lados del camino. Su entrada es gratuita pero hay que pagar para ver el edificio principal (500Y), el edificio principal es conocido por sus 1.000 lámparas de bronce. El camino hasta llegar a él se hace algo pesado con el carrito de bebe ya que hay cuesta, gravilla y algunas escaleras. Nosotros después de llegar hasta él decidimos no entrar así que si no se tiene claro visitar el edificio y vas con bebe o niños pequeños no merece la pena visitarlo.

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Atravesando el parque de Nara repleto de ciervos volvimos a la calle principal Sanjodori St., decidimos comer en uno de los primeros restaurantes que encontramos en la calle y nos gustó mucho, Okonomiyaki restaurant. En cada mesa había una plancha para que se terminara de hacer la comida y se mantuviera caliente, probamos la Okonomiyaki típica de la zona (una especie de pizza japonesa con muchos ingredientes pero parece más una tortilla que una pizza), unos fideos y unos udon deliciosos. Este tipo de restaurante es algo peligroso para los niños pequeños, pero puedes pedir que te apaguen la plancha, en nuestro caso la pequeña estuvo tranquila en el carro y no hizo falta. La comida rondaría los 25€.

Fuera de este circuito turístico se encuentran otros templos y ruinas que por falta de tiempo hay que dejar fuera de la ruta, como el Hannya-ji (el templo de las flores), Heijo Palace o el Yakushi-ji (accesible en tren, parada Nishinokyo) o barrios como el de Naramachi, donde puedes visitar gratis una casa tradicional y aprovechar y perderte entre sus callejuelas y galerías comerciales.

Para amantes de la montaña es recomendable subir al monte Yoshino en primavera con los cerezos en flor o en otoño con el cambio de color de las hojas.

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Mapa turístico de Nara

En la misma estación de tren de Nara antes de coger el tren de vuelta encontramos un supermercado que se llamaba Vierra que fue de los pocos en los que encontramos potitos para bebe que fueran mas parecidos a los nuestros y que no fueran los gelatinosos con algas y sabores japoneses que a Alma no le gustaban nada, los vendían en sobres y había de carne, de pescado y de verduras. También compramos allí los pañales, y fue de los pocos sitios donde encontramos pañales normales y que no fueran de estilo braga.

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